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Enseñar
y desafiar Alberto
Mendoza Morales Una
persona puede instruir a otra pero no, necesariamente, educarla. El
instructor, un docente, enseña, transmite conocimientos en escuelas,
colegios, universidades. Lo que entrega puede estar, incluso, de espaldas
a lo que vive. Educar es otra cosa, es desafiar. Lo hacen minorías
selectas, maestros, sabios, que tocan el entendimiento y el alma de
los pueblos. El instructor, desde el aula, condiciona. El maestro desde
el aire publico, desafía, induce cambios. Hay gente instruida
pero mal educada. Educación
es lo contrario. Viene de ex-ducere, sacar. Es el proceso inverso a
la instrucción. Supera la pedagogía. Va de dentro hacia
fuera, de la intimidad del ser a la externalidad pública. La
educación es propia de sociedades donde los maestros, sabios,
grandes inductores, aportan pensamientos y comportamientos que aparecen
insólitos y renovadores. Su labor saca, por reacción,
incluso incómoda, interioridades de los individuos, subjetividades,
sustancias que yacen inéditas en las profundidades del ser. Los
sabios aparecen como figuras claves, desafiando el pensamiento corriente,
las creencias, el orden establecido. Abren camino a las novedades, trazan
vías de cambio, anuncian revoluciones. Esos impactos, esos estímulos,
llevan a las sociedades al crecimiento, a la humanidad al progreso.
Los educados, por renovadores, suelen ser perseguidos cuando no agredidos
por los instruidos. Comentarios Opine sobre este artículo
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