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ACADEMIAS:
MISIÓN Y PERFIL
La Academia es un taller intelectual, espacio apto para realizar
valores. La explicó Jorge Vélez García, ex
Presidente de la Academia Colombiana de Jurisprudencia, en clarificadora
reflexión que las define. En la academia se discuten criterios
de la ciencia ordenados por dos tendencias capitales, el conocimiento
de la verdad y la práctica de la virtud. En su seno se
reúne los académicos, máxima instancia crítica
de una nación. Crítica entendida como función desprevenida
e imparcial, guiada por la intención rigurosa de cultivar el
bien. La Academia nació en Atenas, en el jardín que Academo
le prestó a Platon para que hiciera escuela. Aristóteles
la hizo en el Liceo, un bosque. En Italia apareció después
del Renacimiento; en América, después de la independencia.
Las Academias crean expectativas de acierto. Mediante la investigación
descubren lo bueno que está oculto y debe ser conocido. Lo cual
es posible cuando se respeta la verdad y la virtud. De ellas, las sociedades
perplejas esperan orientación, seguridad y confianza frente a
dificultades y problemas que demandan fórmulas, soluciones, pareceres
y opiniones que resuelvan, o ayuden a resolver, la situación
en que se debaten en mares de incertidumbre, extravíos, contradicciones,
inequidades y turbulencias.
Los académicos son gentes de elevada condición moral e
intelectual. Están llamadas a constituir comunidad espiritual.
Su ethos academici tiene sentido cuando está al servicio de la
comunidad. Los distinguen sus respectivas disciplinas. Su autoridad
científica y moral emana del saber. Su función positiva
está en la docencia, la orientación y el esclarecimiento
de cuestiones básicas de utilidad pública. Están
llamados a liberarse de intereses subalternos. Se mueven por vocación
y disposición de servir a sus semejantes, a la colectividad,
al Estado. Muestran altruismo y entrega. Las academias los llaman y
afilian por servicios distinguidos de interés público.
Les ofrecen espacio para cumplir una función social, un liderazgo
cívico, un magisterio superior. Todo en aras del perfeccionamiento,
la convivencia y el bienestar de la comunidad a todo nivel. Deben conservar
el generoso esfuerzo de los que ya no están; difundir el conocimiento
sin mezquindad y aconsejar, a quien acuda a ellos, sobre lo que sea
requerido y sobre lo que es debido. Desde el escenario en que los sitúe
el destino, los académicos están desafiados a proteger
los valores de la libertad, el orden, la seguridad, la solidaridad.
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